Las armas no matan, matan los criminales

Tras el tiroteo en la Escuela Primaria Robb en Uvalde, Texas, se repite el guion progresista contra la Segunda Enmienda de nuestra Constitución, tanto en la nación estadounidense como en Puerto Rico.

Sucede que los tiroteos masivos, a pesar de ser acontecimientos verdaderamente horribles, son buenos para que ciertos políticos y organizaciones le den una connotación negativa a la tenencia y portación de armas a través de los medios de comunicación. Insisten en señalar como retrogradas y atacan hasta la moral de quienes promueven las armas como herramienta de defensa, mientras éstos utilizan las muertes para avanzar en la agenda contra nuestras libertades como ciudadanos norteamericanos, y acusarnos de promover la cultura de la muerte.

Pero ¿es verdad que las armas matan? «No. Las armas no matan, matan los delincuentes», aseguró categóricamente Nazario Lugo Burgos, presidente de la Asociación de Manejadores de Emergencia y Profesionales de la Seguridad (AMEPS) tras finalizar una charla para docentes y empleados de la Escuela Vocacional Ruth Evelyn Cruz de Cidra.

De igual manera aseguró: «Es importante llevar información a los maestros en este tipo de iniciativas. El simulacro en situaciones de alto riesgo ayuda a los maestros a mitigar los efectos perversos de delincuentes armados en cualquier evento con un tirador activo».

Por su parte, Ariel Torres Meléndez, presidente de la Corporación para la Defensa del Poseedor de Licencia de Armas de Puerto Rico (CODEPOLA), enfatizó que «la criminalidad rampante en la isla no se resuelve quitándole beneficios, ni derechos a los ciudadanos, despejando el camino a los delincuentes para apoderarse aún más de las calles, cegando vidas inocentes. Se resuelve educando al pueblo sobre el tema de defensa y de valorar la vida».

Pero también toda libertad requiere responsabilidad. Por eso, CODEPOLA promueve el uso y manejo responsable de armas. Luego de dos amenazas ocurridas en la Escuela Vocacional Ruth Evelyn Cruz de Cidra, “acudimos al llamado” de la Policía de Puerto Rico, el personal docente de la escuela y trabajadores del municipio de Cidra, quienes solicitaron formalmente tomar el curso de Tirador Activo.

Respeto a la iniciativa del curso, la agente de policía Nidia Ramos Martínez (placa 26225) adscrita a Distrito de Cidra, Área de Caguas, expresó que «nuestra principal motivación es educar a los profesores en el manejo de crisis y, al mismo tiempo, prevenir las desgracias. La información y el entrenamiento son lo mejor para prevenir las muertes de estudiantes y agentes de seguridad escolar».

Por su parte, Mirian Rivera Mendoza, presidenta del Consejo Escolar en Cidra, manifestó que «como maestra, estoy totalmente de acuerdo con el curso de capacitación. Nosotros necesitamos adiestramiento y educación respecto al tema. No quisiera jamás sentir el dolor de padres que despidieron a sus hijos en el desayuno y que estos jamás volvieron a casa porque no supimos cómo reaccionar ante un violento armado».

De igual manera, Luis Rosario Torres, Teniente Segundo y Comandante Auxiliar del Distrito de Cidra, afirmó: «El adiestramiento estuvo muy acertado. Me agradó el compromiso de los maestros para enfrentar a tiradores violentos. Los maestros gozan el Derecho Constitucional de proteger su vida con un arma. Obviamente, es importante contar con el adiestramiento adecuado. Las armas deben ser manejadas con responsabilidad».

También Rabin Laboy Cora, Supervisor de Seguridad Escolar del Municipio de Cidra, expresó satisfacción porque «definitivamente, es muy necesario este tipo de adiestramiento. Nos toca estar preparado para enfrentar situaciones de tirador activo. El personal adiestrado es la primera línea de defensa en situaciones de alto riesgo, incluso con armamento».

El presidente de AMEPS destacó que, “utilizando nuestro conocimiento sobre seguridad y la violencia con armas de fuego en las escuelas, continuaremos colaborando en este esfuerzo que se centra en intervenir antes de que se produzca la violencia. Estas soluciones van de la mano para fomentar escuelas seguras, y hacer frente a la violencia en sus etapas más tempranas. Además, de neutralizar de manera rápida las amenazas. Un aspecto que, sin lugar a duda, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte ante una situación con un tirador activo”.

Un hecho no debatible en los Estados Unidos y países donde son más rígidas las leyes de control de armas es que, hay más muertes por asaltos violentos con armas de fuego. Por ejemplo, en Uruguay, un país en el que la tenencia de armas está sumamente regulada, hay proporcionalmente más muertes por armas de fuego que en Estados Unidos (número de muertes por cada 100,000 habitantes). Suiza, por su parte, el tercer país más armado del mundo, donde la adquisición de armas es legal, y en el que 46 de cada 100 habitantes poseen armas, no presenta tiroteos ni números alarmantes por muertes por armas de fuego. En tanto, en Estados Unidos California, Nueva York y Chicago tienen mayor incidencia criminal, en comparación con Texas y Florida, por citar un par de casos.

Reducir el problema criminal a las armas, pero dejar fuera la ausencia de valores culturales, es solamente una simplificación que roza en lo absurdo. La Segunda Enmienda tiene cerca de 230 años, sin embargo, los tiroteos aparecieron en las últimas tres décadas. La pregunta clave acá es: ¿Qué pasó en la sociedad estadounidense en los últimos treinta años?

Si como sociedad perdemos el respeto a la vida, la libertad y la propiedad, ninguna ley de prohibición de armas va a impedir que los niveles de violencia se disparen. Eso es, precisamente, lo que acontece con las naciones de Sudamérica, donde las personas decentes y trabajadoras tienen que protegerse, al mismo tiempo, de la criminalidad y del terrorismo de Estado.

Los casos de pandilleros y narcotraficantes asesinando a humildes trabajadores en Bolivia, Colombia, Brasil y Venezuela deberían hacernos reflexionar sobre la gobernabilidad de nuestra nación. No dejemos que, bajo el pretexto de terminar con la violencia, nos quiten el derecho de proteger nuestras casas y a nuestras familias. Pues detrás de la limitación en el uso de armas, se esconde la peor de las tiranías.

Por un Puerto Rico libre, próspero y seguro.   

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