Sat. Apr 18th, 2026

Poor Things: el deseo de volver a nacer

By Josué Vázquez Cruz Nov2,2025
Poor ThingsPoor Things

Hay películas que se miran, otras que se sienten.
Poor Things no se limita a ninguna de las dos: se desliza por la piel, se mete bajo la lengua, late en los ojos.
Y cuando termina, uno no sabe si acaba de ver una historia de ciencia ficción o una confesión sobre el hambre humana de libertad.

Dirigida por Yorgos Lanthimos, basada en la novela de Alasdair Gray, y protagonizada por una Emma Stone que parece haber nacido para este papel, la cinta cuenta la historia de Bella Baxter, una mujer muerta y devuelta a la vida por un científico tan brillante como perturbador, Godwin Baxter —el Doctor que crea un cuerpo nuevo para un alma vieja.

Pero el milagro no es la resurrección.
El milagro es que Bella vuelve al mundo sin miedo.
Sin moral heredada.
Sin pudor.

Y en esa inocencia carnal —esa mirada que se abre al deseo como quien abre los ojos por primera vez— está el núcleo de toda la película.


El cuerpo como laboratorio

Libre de los prejuicios de su época, Bella crece firme en su propósito de defender la igualdad y la liberación.

Visualmente, Poor Things es un delirio hermoso.
Los escenarios son como sueños húmedos de arquitectura barroca, un collage de Londres victoriano, Lisboa imaginada y cielo pintado.
Todo es desproporcionado, táctil, demasiado vivo.
Lanthimos convierte cada encuadre en un experimento de color, movimiento y curiosidad.

Bella camina como si aprendiera a habitar la gravedad.
Toca objetos, frutas, cuerpos, lenguas.
Cada gesto suyo tiene la torpeza dulce de un recién nacido, y la sensualidad peligrosa de quien aún no ha aprendido a avergonzarse.

El erotismo aquí no es adorno: es método científico.
Bella descubre el mundo a través de su piel —y la cámara no se aparta.
En sus escenas de sexo, Lanthimos filma la libertad sin tapujos ni disculpas, pero con una elegancia casi anatómica.
No es pornografía; es fisiología poética.
El cuerpo como laboratorio del alma.


Emma Stone: la revolución de la inocencia

Emma Stone se entrega a este papel como si no hubiera red bajo ella.
Su interpretación no busca seducirnos, sino desconcertarnos.
Baila, grita, ríe, explora; se convierte en una especie de animal que ha leído filosofía y no le teme al placer.
Cuando su personaje dice “quiero ver el mundo”, no habla de viajes: habla de experiencia, de hambre, de ese impulso vital que la sociedad suele amputar especialmente en las mujeres.

Verla es un recordatorio brutal de cuánto nos hemos domesticado.
Bella es la versión sin filtros de nuestra curiosidad más antigua.
La que todavía se asombra ante el olor del cuerpo ajeno, ante la textura del vino, ante la posibilidad de un beso que no obedece a nadie.


Eros como forma de conocimiento

El cine suele tratar el deseo con vergüenza o con morbo. Poor Things lo convierte en una pregunta filosófica:
¿y si el sexo no fuera pecado ni distracción, sino un lenguaje de entendimiento?

Bella se lanza al mundo con hambre, no por vicio sino por asombro.
Y lo que encuentra es tanto placer como decepción.
Porque el deseo sin conciencia es vacío, y el poder sin empatía, grotesco.
Esa es la lección que el guion —firmado por Tony McNamara— nos sirve con ironía, humor negro y ternura inesperada.

El viaje de Bella es también el nuestro: la búsqueda de sentido a través del cuerpo, la necesidad de reconciliar placer y pensamiento.
Es una historia de sexo, sí, pero también de conocimiento.
De autopsia del alma.


La belleza de lo extraño

Hay películas que parecen creadas para verse con prisa; esta exige un ritmo lento, casi ceremonial.
Ideal para un domingo sin compromisos, cuando el cuerpo está cansado y la mente necesita juego.
Después del café, del paseo o de la misa, Poor Things entra como un vino oscuro: al principio dulce, luego te quema un poco la lengua, y cuando terminas, ya no eres el mismo.

Está disponible en Hulu y otras plataformas, aunque debería venir con advertencia:
si la ves con tu pareja, asegúrate de que los niños duerman.
Porque entre tanto erotismo filosófico puede que terminen, sin proponérselo, imitando a Bella contra una pared, descubriendo juntos lo que la ciencia llama instinto y la poesía llama vida.

Y si eso ocurre, que así sea.
El arte, cuando es honesto, provoca movimiento.
En el cuerpo y en el pensamiento.


La vida después del pudor

Hace tiempo que no veía una película así.
Visualmente hipnótica, emocionalmente incómoda, y moralmente liberadora.
Lanthimos logra que cada escena —cada mirada de Emma Stone, cada sombra sobre la piel— se convierta en un espejo.

Bella no solo vuelve a la vida: nos la devuelve a nosotros.
Nos recuerda lo que olvidamos por miedo a ser juzgados: que el deseo también puede ser un acto de fe.
Que la curiosidad no mata al alma, la despierta.
Y que mirar el mundo como si fuera nuevo —con la inocencia de Bella y la memoria de nuestros errores— quizás sea la forma más honesta de volver a nacer.

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